Cultura y tradiciones populares andaluzas: LA TÍA NORICA DE CÁDIZ - Actualidad Notizalia

La Tía Norica de Cádiz pertenece a esa tradición tan arraigada en la cultura popular de los títeres; es el teatro de este tipo más antiguo –más de 200 años– de los que aún existen en Andalucía.

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Nace en Cádiz a finales del siglo XVII, y en su ininterrumpido camino hasta nuestros días –exceptuando un período aproximado de 30 años–, se ha convertido en un patrimonio cultural de la ciudad.

Las últimas investigaciones dan fe de su existencia hacia el año 1790 y, desde entonces, han formado parte sustancial de la cultura y la historia del pueblo gaditano. Esta tradición formó parte de la vida ciudadana de Cádiz hasta su parcial desaparición, aproximadamente en 1959.

El personaje, la obra teatral, el espectáculo de títeres, han estado siempre presentes como un fenómeno imprescindible en cualquier situación o acontecimiento donde se haya pretendido hacer patente la esencia de lo gaditano.

La Tía Norica no es sólo el nombre de un popular personaje gaditano. Es, sobre todo, un conjunto de hechos y manifestaciones tradicionales con los que se puede entrelazar buena parte de la historia moderna de la ciudad y los recuerdos y las vivencias de sus habitantes actuales.

El resultado es un recuerdo imborrable que reaparece en las conversaciones, en los actos de todo tipo, en las fiestas de Carnaval y en la pluma o en las palabras de todos los que pretenden evocar la sensibilidad de la cultura propia. Como ejemplo curioso se dice que incluso cabe la posibilidad de que, en tiempos de Falla, los manipuladores de este Teatro de Marionetas actuaran con los títeres del Retablo de Maese Pedro en su primer estreno en París.

La compañía actual se creó con el objetivo de recuperar y revitalizar uno de los legados histórico-artístico más antiguos del mundo. Además de este valor intrínsecamente cultural, su otra aportación fundamental es la recuperación de los tradicionales títeres de Percha y Peana (aquellos que están sujetos a través de una varilla colocada en su parte inferior a un soporte de madera).

El movimiento de sus extremidades se consigue acompañado de varillas. En la actualidad existen pocas compañías teatrales en España que utilicen estas técnicas.

En las representaciones tradicionales había dos ciclos temáticos bien diferenciados, el primero durante la Navidad y las fechas previas, (Autos de Navidad) cuando se representaba una parte del Nacimiento del Mesías, y que se desarrollaba dividido en seis partes, según la festividad religiosa que se conmemoraba. Se terminaba siempre con el Sainete de la Tía Norica.

A lo largo de los años, se fueron incorporando una serie de temas populares gaditanos, como La boda de la Tía Norica, El Tío Melones, Batillo Cicerone o El Sueño de Batillo. También se comienzan a adaptar con temas de la literatura clásica como El Tenorio, según los gustos literarios a la sazón, o mezclas con literatura infantil: Pinocho y Chapete, Pipo y la perrita Pipa, cuentos de Calleja, un sinfín de ogros y brujas, dragones…

Aún hoy siguen siendo actualizados, y pese a guardar una especial fidelidad a la antigua tradición, dan paso a sainetes como Batillo Cicerone, Pimpi de Cai, en los que se introduce en nuevas formas teatrales, mezclando el títere con la proyección cinematográfica, conservando del original sólo la línea argumental.

Los Autos de Navidad son textos anónimos que forman parte del repertorio más antiguo de la Tía Norica, teniendo sus raíces en el teatro español del Siglo de Oro. Los Autos constan de veintidós cuadros, separados entre sí por ciclos diferenciados de representación, los cuales coinciden con las fechas del santoral, extendiéndose las representaciones desde el 8 de Diciembre –La Purísima– hasta el 2 ó 3 de febrero, coincidiendo con La Candelaria y la Feria del Frío, uno de cuyos principales espectáculos lo constituían precisamente estas manifestaciones del teatro popular.

Dentro de los Autos de Navidad destacan: La Gruta Infernal, donde se narra el enfrentamiento de los símbolos del bien (Arcángel Miguel) y del mal (Diablo Luzbel y Astucia); La Anunciación a María, presentando al Arcángel Gabriel; El Enviado de Roma, dónde Herodes recibe el mensaje del Emperador ordenando el empadronamiento; El Palacio de Herodes, representando cuando éste recibe de los Magos de Oriente la noticia del nacimiento del Mesías; Pidiendo Posada, con José y María buscando un lugar para dar a luz en Belén, con un desafortunado encuentro con un centinela y un posadero; El Paso de Los Reyes, con los Reyes Magos siguiendo la Estrella; La Anunciación de los Pastores, curiosa aparición del Ángel del Señor que no es tomado en serio por los pastores; El Portal de Belén, en el que siguiendo con la norma tradicional de los Autos los personajes profanos dan rienda suelta a la improvisación; y La Adoración de los Reyes, con sus archiconocidos presentes y la gran algarabía pastoril, con cantos y guitarras.

El Sainete de la Tía Norica, que da nombre a este teatro, narra como la Tía Norica es cogida gravemente por un toro en una venta y su posterior testamento. En el Museo de Cádiz se conserva un libreto manuscrito, copia del sainete en verso adaptado en 1928 por Manuel Martínez Couto sobre un original del siglo XVIII.

Varias escenas de este sainete están aquí representadas, como la del Testamento, que tiene lugar en el interior de la casa de la Tía Norica desde la que se ve la Catedral de Cádiz.

La escena merece la pena: Además de Batillo y el tío Isacio, aparece la Tía Norica, en la cama vestida con camisón blanco largo y media manga ribeteada de encajes y cubre su cabeza con un gorro de dormir con encajes.

El médico, don Reticurcio Clarines, viste a la europea y muestra en la cadena de su reloj el número trece, que unido a sus expresiones latinas y a sus disparatadas recetas, lo convierten en portador de la mala suerte que traerá consigo la muerte de la anciana.

Por fin, el escribano, don Policarpo Troncha Vigas, es el último personaje que interviene. Aparece sentado, con un traje vulgar, tomando al dictado el testamento de la abuela, sin poder ocultar su asombro, ante la relación de propiedades que inventa.

En 1978, el Estado adquirió el conjunto de Títeres de la Tía Norica y lo depositó en el Museo de Cádiz para su restauración y puesta al público. Una sala expresamente dedicada muestra diversos escenarios en los que los títeres interpretan alguna de las escenas, todo con mucha simpatía y un grandísimo nivel de detalle.

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